lunes, 17 de diciembre de 2012

De la razón a la fe

Una cita de Aranguren que me puso a pensar...

“Pero el profesor de filosofía lo es, constitutivamente, in partibus infidelium, lo es moviéndose precisamente en esa realidad natural. Por tanto no puede partir de la religión, aunque si puede llegar a ella, mostrar su acceso a ella” ARANGUREN, José Luis. Obras Completas. Ética. Trotta : Madrid, 1994. V 2, p 165

miércoles, 12 de diciembre de 2012

El ojo, el corazón y el amor


“Las raíces del ojo se encuentran en el corazón; en la decisión más intima –realizada por el centro personal del hombre– que se adopta tanto frente a la otra persona como a la existencia en cuanto totalidad. En último término, el ojo ve desde el corazón. A esto se refería san Agustín cuando decía que únicamente el amor es capaz de ver. Pero el corazón puro es el corazón que ama rectamente. Este amor no comienza con el deseo, sino con el respeto. Su acto primero no es la aproximación sino el apartamiento. Al hacerlo renuncia a convertir al amado en una parte del propio mundo circundante; deja espacio libre, espacio a su propia existencia, y está dispuesto a acogerla desde él mismo. Sólo cuando se da al menos el comienzo de esto puede el ojo ver realmente al otro hombre”.

Romano Guardini. Los sentidos y el conocimiento religiosos. 

miércoles, 5 de diciembre de 2012

Los vicios no se autoregulan


Los temas económicos, en especial los relacionados con los mercados financieros (en esta ocasión se alude al de capitales), suelen caracterizarse por enfrentar dos posturas: aquella que aboga por la regulación de parte de instituciones estatales y de la sociedad civil, y la que defiende la necesidad de una libertad total para el ejercicio del negocio, aduciendo junto con la dinámica propia del mercado, el recurso a la autoregulación de los actores como el mecanismo de control.  Lo cierto es que hoy tenemos serios argumentos basados en hechos catastróficos para sostener que la autoregulación por sí sola no es suficiente.

Las discusiones económicas, de políticos y de organismos multilaterales que ocupan la atención de los medios y de los expertos, pasan por alto o tal vez ocultan conscientemente el factor antropológico que subyace al Mercado.  Quienes invierten en estos mercados de capitales y quienes hacen las operaciones  son personas. El factor humano es el factor determinante de la economía y de los mercados financieros. Si se pierde de vista esto, deja de comprenderse mucho de las situaciones críticas que hemos presenciado desde el 2008 hasta hoy. Y es que las personas padecemos algo que el pensamiento clásico denominó  “vicios”. Estos son modos de ser y por ende de comportarse, caracterizados por el exceso o por el defecto. Los vicios no se autoregulan, por el contrario, tienden a degenerar.  La búsqueda desordenada de riqueza material no se detiene a pensar si es ya suficiente lo que se posee, simplemente es insaciable. Quiere más riqueza a como de lugar, incluso a costa de millones y millones de personas que viven y mueren en la pobreza. A ese vicio se le llama avaricia.

La avaricia es precisamente uno de los vicios que encuentra en el mercado de capitales un terreno propicio para degenerar en la persona. El afán de más riqueza lleva a tomar riesgos que rayan con la necedad, riesgos que son precisamente viciosos. Sostener que los actores del mercado de capitales* se van a regular por ellos mismos, es dejar ingenuamente a los avaros a su propia suerte, suerte que termina arrastrando a los demas. El mercado necesita que lo regulen, y también necesita autorregulación, así como la persona necesita de la autoridad tanto como de la autonomía.  

... Reflexiones a propósito de lo ocurrido con Interbolsa

*(No significa que todos estos padezcan el vicio).
imagen tomada de: http://elangeldelaguarda.files.wordpress.com/2010/09/avaro1.jpg

lunes, 3 de diciembre de 2012

Imponer la muerte

El individuo de la especie humana, es aquel ser vivo que por su origen y configuración genética pertenece a la especie homo sapiens. Por su origen, ya que es necesario el proceso procreativo con la participación de los gametos masculino y femenino. Por su configuración genética ya que los genes presentes en tales gametos no son otros que los de la especie humana. Así, cuando un hombre y una mujer procrean, no pueden sino procrear otro ser humano. Esto que la ciencia tiene perfectamente claro, aunque no completamente descifrado, parece ser pasado por alto en los ejercicios políticos y jurídicos de la sociedad posmoderna. La promoción del aborto como un derecho es el caso más emblemático. Se hace política con la muerte.  
 
En Colombia, el intento de hacer política con la muerte no es para nada nuevo. Algo de eso ya se padeció con el narcotráfico de los 80 y 90, con el paramilitarismo y el terrorismo guerrillero. A lo que no estábamos acostumbrados, es ver a los mandatarios de las grandes ciudades enarbolar la bandera de la muerte en pleno ejercicio de su mandato. Primero fue Alonso Salazar (exalcalde de Medellín) con el proyecto “Clínica de la Mujer”, ahora es Gustavo Petro (Alcalde de Bogotá) con la habilitación de “los hospitales muerte”. La noticia fue dada por su Secretario de Salud, Guillermo Alfonso Jaramillo. En ambos casos la decisión ha tenido sustento en las sentencias de la Corte Constitucional relativas al aborto, pero lo más llamativo ha sido el tono “impositivo” con el que ambas propuestas se plantearon.
Hacer política con la muerte no es posible sin imposiciones. En primer lugar está la imposición de la muerte a algún individuo de la especie humana, que en el caso de Bogotá serán los que esperan nacer; en segundo lugar, se impone esta muerte a la sociedad que la atestigua, como cuando paramilitares o guerrilleros obligan a presenciar los asesinatos a familiares y seres queridos de las victimas. La comparación ciertamente es fuerte, pero ilustra la dimensión de lo que está ocurriendo en Bogotá y que es mucho mayor, ya que se está obligando a las mujeres no sólo a ser testigos, sino cómplices de un asesinato.  
En momentos como estos, la ciudadanía debe pronunciarse y tomar acciones, sentar un precedente que se caracterice por proponer y afirmar la vida, por dar soluciones reales a los dramas que se esconden detrás de un aborto. De lo contrario, la política de la muerte habrá dado un paso más apoyada por la indiferencia.